Efectos Culturales

22.11.2015 13:00

La conquista entendida como la incorporación de la América indígena a la Corona española implicó no sólo el sometimiento de la población aborigen mediante “las armas”. También tuvo una facete menos bélica –guerrera- que consistió en el sometimiento espiritual de los “indígenas” americanos mediante la evangelización, es decir, la cristianización o enseñanza de la religión católica a la población indígena americana. Cabe recordar que la difusión y enseñanza de la doctrina católica fue uno de los fines esenciales de la conquista y colonización ya que, el Papa Alejandro VI concedió en 1493, a los monarquía española “todas las islas y tierra firme que descubriesen al Occidente” con la obligación de que “al conquistarlas enviasen allí predicadores a convertir a los indios idólatras”.

Los encargados de llevar a cabo esta labor, fueron los misioneros de distintas órdenes religiosas -franciscanos, dominicos, jesuitas, agustinos- que acompañaron a los conquistadores desde las primeras incursiones. Además de cristianizar a los indígenas, los misioneros le trasmitían la cultura occidental, es decir, el lenguaje, las costumbres, valores, creencias y tradiciones europeas.

La imaginería religiosa indígena, los mitos y leyendas, los espacios de diversión más relevantes, son atravesados por los principios de la iglesia colonial.

Sin embargo, el intento de imponer el cristianismo no pudo desterrar completamente las concepciones tradicionales religiosas del mundo aborigen. Ello dio como resultado que ambas visiones se mezclaran, surgiendo así una combinación de sistemas de creencias como resultado de la influencia mutua entre catolicismo y las religiones aborígenes. Este proceso de sincretismo cultural, es decir, de fusión o mezcla de elementos de culturas diferentes se dio, por ejemplo, en las zonas andinas de nuestro país, donde se han traspasado a la Virgen María funciones maternales y de protección que los antepasados atribuían a la Pachamama o Madre Tierra. El fiel invoca o agradece esa protección mediante fiestas, bailes con máscaras y peregrinaciones; como es el caso de la fiesta nortina a la Virgen de la Tirana.